Aunque dar el pecho es la opción más sana para los bebés, cada vez más madres exigen «respeto» para la alternativa de la leche artificial.

«Prefiero una madre feliz dando el biberón que una mujer angustiada lactando», dice la presidenta de la Federación de Matronas de España.

«La decisión de dar o no el pecho es una elección de la mujer y debe ser respetada». La frase, incluida en la nueva guía del Colegio de Matronas británico sobre la lactancia, ha inspirado infinidad de reportajes en Gran Bretaña. En ellos se relatan historias sobre la brutal presión que sufren algunas madres para dar el pecho -cuando ellas preferirían el biberón- por parte de pediatras, activistas pro lactancia y, por supuesto, matronas.

Aquí, en España, la Federación de Matronas no sólo comparte la opinión de sus colegas británicas, sino que va más allá en su mensaje de tolerancia: «Prefiero una madre feliz dando el biberón que una angustiada lactando», sentencia su presidenta, María Jesús Domínguez.

¿Nos adentramos, por tanto, en una nueva fase de respeto al biberón? Así lo cree Laura Pi, la impulsora de la Red de Apoyo a Familias No Lactantes, que respalda a las madres que optan por la leche artificial: «Estamos rompiendo un tabú». Porque sí, en el enconadísimo debate entre los defensores de la lactancia y los del biberón existen familias que prefieren alimentar a sus retoños con leche artificial de forma consciente… y sin remordimientos.

A la feminista Beatriz Gimeno, la publicación de la guía británica le pilló en plena gira de presentación de su libro La lactancia materna. Política e identidad (Ed. Cátedra). En sus charlas suele encontrarse con mujeres que le agradecen que hable de aquellos que no ven la lactancia natural como un paraíso de apego, cariño, comunión con la naturaleza, hormonas y biología. «Una de ellas me dijo que, al estar dando el pecho durante tantos meses, comprendió que la privación del sueño fuera un método de tortura a prisioneros», explica Gimeno, también diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid.

¿Cómo se ha llegado al punto de que las matronas británicas y españolas, aunque dejen claro que dar el pecho es lo más saludable para los niños, también se vean obligadas a afirmar que el biberón es una alternativa que debe ser respetada? «Esto demuestra que habíamos llegado a un punto insoportable para muchas mujeres, muy injusto y, sobre todo, muy innecesario», explica Gimeno. «Han visto venir un cambio de tendencia».

Con décadas de militancia feminista, Gimeno siempre explica que la presión por dar de mamar no ayuda a la incorporación de la mujer al mercado laboral o a su imagen como cuidadora en igualdad con el hombre. Se trata de un activismo muy alejado del que esgrimen algunas blogueras con el eslogan de La teta empodera.

Que el debate haya llegado al Despacho Oval también es representativo. El diario The New York Times reveló este domingo que una delegación de Estados Unidos enviada a una reunión de la Organización Mundial de la Salud celebrada la pasada primavera había entorpecido la aprobación de una resolución de apoyo a la lactancia materna, alineándose así con los intereses de los fabricantes de leche de fórmula. El presidente Trump respondió al día siguiente. «EEUU apoya fuertemente la lactancia materna», tuiteó el mandatario, quien no obstante matizó que no debía negarse el acceso a las madres a la leche de fórmula: «Muchas mujeres necesitan esta opción debido a la malnutrición y la pobreza».

El mercado de la leche en polvo infantil movió 47.000 millones de dólares en 2015, según la consultora Euromonitor Internacional. El sector está dominado por unas pocas empresas, la mayoría estadounidenses. Los expertos calculan que en los próximos años el sector crecerá de forma significativa por el aumento de la población activa femenina y el consumo de la leche de fórmula en países en desarrollo.

CRECE LA LACTANCIA

En España, según los datos extraídos de la Encuesta Nacional de Salud (ENS), el 71% de las mujeres sigue dando el pecho a las seis semanas. En los últimos 15 años se ha producido un aumento de lactantes a los tres meses (un 66% lo sigue dando) y a los seis (un 47%). Este crecimiento, sin embargo, no contenta a la OMS, que recomienda que casi todas las madres sigan dando el pecho llegado el medio año de vida de sus hijos, porque lo consideran más sano para los bebés.

Curiosamente, según la ENS, son las madres de clase media-alta las que dan más de mamar en los países ricos. Mientras, en los países pobres son las mujeres más desfavorecidas las que continúan con el pecho.

Justo por eso Courtney Jung, profesora de la Universidad de Toronto y autora del libro Lactivism (Ed. Basic Books), considera que en Occidente, donde las madres acomodadas se ven reflejadas en blogs y revistas pro lactancia, dar la teta se ha convertido en una señal externa de virtuosismo moral. En definitiva, de buena maternidad: «Es una cruzada moral. La gente que cree en ello de verdad piensa que las madres que no dan de mamar están haciendo daño a sus bebés, y por eso se creen con el derecho de convencerlas con todos los medios. Consideran que respetar la decisión de la madre no es un derecho, porque esas mujeres se están equivocando».

Beatriz Gimeno ha acabado metiéndose en un charco complicado con la izquierda más intelectual, donde conviven la defensa de los derechos de la mujer trabajadora y las demandas de las madres que querrían una lactancia de larga duración. Este asunto marca una línea entre el feminismo de la diferencia y el de la igualdad. «El feminismo de la diferencia siempre ha existido: es el que busca revalorizar todo lo que tenga que ver con el mundo femenino», afirma Gimeno.

El problema, según ella, es que hay una vuelta a ese universo porque no se han cumplido las expectativas de las mujeres fuera de casa. «Muchas crecieron y se educaron pensando que eran iguales, pero hemos visto que no, que aún no… Que cargamos con triples jornadas, que hemos tenido mejores resultados académicos para cobrar mucho menos, que el espacio público sigue siendo difícil, cuando no peligroso… Así que hay una reacción de repliegue identitario defensivo que es común: voy a dedicarme a ser lo que ningún hombre puede ser. O sea, madre», lo que a Gimeno no le parece una gran idea, porque puede tener efectos indeseados. Esto es: más desigualdad.

Además, es obvio que el biberón tiene una ventaja respecto a la teta: también lo pueden dar los padres. «Me ha gustado hacerlo con mis tres hijos desde que eran recién nacidos», dice Rafael Corrales, un padre que solía encargarse del bibe de antes de que se fueran a dormir. Los tres están muy sanos y no han desarrollado ninguna alergia: «Mis cinco hermanos, como gran parte de los hijos de los años 70, fuimos alimentados con biberón», cuenta. «Tenemos una relación muy cercana con mi madre, no somos obesos y no vamos mal de salud. Sería interesante un estudio sobre estos cuarentones de biberón».

Según Courtney Jung, dar el pecho durante mucho tiempo va asociado a una especie de pack vital con el que algunas mujeres se sienten superiores: «Es un indicador de feminismo, de un estilo de vida hipster que incluye el yoga, los alimentos ecológicos, el vegetarianismo o el veganismo. Es como una señal de clase».

En el caso de Estados Unidos y Canadá, además, la profesora cree que existe una competitividad extrema entre esas mujeres por ser las mejores madres: «Hubo muchas de las clases medias y altas que dejaron de trabajar en los 2000 para ser madres y están convencidas de que lo pueden hacer mejor que nadie, como cuando estaban en la Facultad de Derecho de Harvard».

Allí se trata de un símbolo de estatus, porque no todas las madres se pueden permitir dejar de trabajar para amamantar durante mucho tiempo. Tampoco el estilo de crianza que suele llevar aparejado, el apego, que supone estar a todas horas con los niños pequeños encima, explica Courtney Jung.

«SE HA PRODUCIDO UN BANDAZO»

En España, María Jesús Domínguez admite que ha habido mujeres que se han sentido demasiado presionadas y reivindica el papel de las matronas: «Tenemos que estar para informar y, tomada la decisión, acompañar a la mujer decida lo que decida: fuimos de la cultura del biberón de los 70 al otro extremo, hubo un bandazo», dice la presidenta de las matronas, quien cree que ha llegado la hora de dejar claro que ellas no son asociaciones de voluntarias con el único objetivo de promover la lactancia, sino que son profesionales formadas para apoyar a las mujeres a lo largo de sus ciclos vitales.

«Hay mujeres que, cuando acaban de parir, son muy vulnerables emocionalmente y no parece el momento más indicado para presionar», coincide Laura Pi, que a través de las redes sociales recibe historias de todo tipo sobre ese momento en el que una mujer decide que no, que prefiere el biberón al pecho. También se quedó sorprendida de la virulencia de los ataques que recibió de las defensoras a ultranza de la lactancia materna, pero ha perseverado hasta constituir lo que puede ser una especie de Liga del Biberón a la española.

Este es sólo uno de los testimonios recogidos por su red de apoyo en las redes sociales: «¿Eres mejor madre si das el pecho? ¿Y si no puedes? ¿Qué ganas haciendo sentir mal a las demás? Que parece que les damos veneno… Sufrí mucho cuando mi niño no engordaba y para mí era un sueño darle el pecho. No pude y me dolió. Lloré muchísimo porque además de que yo no daba más de mí, vi el biberón como una derrota».

Marta Díaz, la encargada del grupo de lactancia de la Asociación Española de Pediatría, considera una obligación promover el pecho como método óptimo de alimentación de los recién nacidos. Eso sí, introduce algún matiz: «También tenemos que decir que este apoyo necesario para las madres lactantes no tiene por qué llevar consigo actitudes que hagan sentirse culpables a las madres que no pueden o no desean dar el pecho, o aquellas que, por alguna circunstancia personal, tienen que suspender la lactancia antes del tiempo que tenían previsto hacerlo».

Las matronas, tanto las inglesas como las españolas, al menos sí que han dejado claro que las madres -y padres- que optan por el biberón se merecen un respeto que no siempre han recibido, según comprueba Beatriz Gimeno cada vez que presenta su libro y le dan las gracias por haberlo escrito.

También recibe buenos comentarios el libro Víctimas de la Lactancia Materna: ¡Ni dogmatismos ni trincheras!, del pediatra José María González Cano, en las tiendas online donde se vende. Y, sin embargo, tuvo que suspender presentaciones cuando lo publicó en 2015. Entonces aún no existía la red de Laura Pi ni la de otra madre británica que fundó la plataforma No juzgues, sólo alimenta.

Teta o biberón. Leche materna o artificial. Pero, en todo caso, sin reproches ni remordimientos.

El polémico ‘Madre o vaca’ de ‘Magazine’

Dos de los reportajes que sirven de inspiración al libro de Beatriz Gimeno ‘La lactancia materna. Política e identidad’ se editaron en 2010. Uno fue portada de la revista ‘The Atlantic’ y se tituló ‘El caso contra la lactancia materna’. El segundo se publicó en el suplemento ‘Magazine’ de EL MUNDO. En su portada se retrataba a una madre con piel de vaca (ver imagen inferior). Las reacciones contra la periodista que lo escribió dieron hasta para un trabajo académico: «Situación y actitudes del activismo pro lactancia materna en España a partir de los acontecimientos provocados por la publicación del reportaje ‘Madre o vaca’ en el dominical Magazine de EL MUNDO el 17 de octubre de 2010». Sus autoras eran alumnas de un máster precisamente de estudios de Género. Según dicho trabajo, y a la luz del lenguaje de un nivel cultural alto usado en los blogs donde se criticaba el reportaje, en España la lactancia sería un símbolo de estatus, como en Estados Unidos y Canadá. En cuanto a la virtud moral, en las conclusiones del trabajo se señalaba que la creencia en el vínculo que se produce entre madre e hijo lactando «es tan profunda que alguno de los textos ‘lactivistas’ estudiados llega a afirmar que los niños criados al pecho serán mejores personas».

Fuente: www.elmundo.es